martes, 18 de octubre de 2011

Tiene vida

Tiene vida nuevamente el pajonal untado de rocío de mis sueños

Tiene vida nuevamente el pájaro desterrado de su nido

Tienen vida nuevamente las dulces palabras de noche florecida

Tiene vida nuevamente la duda del hermano

Algún día hablaré.

Diré:
No estoy solo entre nosotros
Estoy aquí a la vista, buscando en el pajonal,
Buscando en los cantos de los pájaros
Desnudando dulces palabras en la noche
Despertando al desmemoriado,
Floreciendo,
Floreciendo,
Floreciendo...

Fredy Chicangana: poeta indígena del Pueblo Yanacona de Colombia

Masacre indígena

No tengo nada que decir sobre el tiempo y el espacio que se nos vino encima;

Todo está dicho.

Que hablen los ríos desde su agonía, que hablen las serpientes que se arrastran por las ciudades y los pueblos, que algo digan las palomas desde sus ensangrentados nidos;

Yo, Hijo de las tierras ancestrales, no tengo nada que decir;

Todo está dicho.

Esos soles transcurridos también algo tendrán en su memoria

Aquellas lunas que lloran con la lluvia algo tendrán en sus recuerdos de amargura

Los árboles, los peces, el último arco iris dorado
Ellos tendrán algo entre sus quejas

Yo, hijo de los dolores y esperanzas, nada tengo que decir;

Todo está dicho.

Fredy Chicangana, poeta indígena del Pueblo Yanacona de Colombia

Soy yanacona

Soy Yanacona de tierra americana, de los rebeldes del Macizo amado.

Yo reivindico a los Yanas de fuego, a los hijos y adoradores de Jucas,
a los Yanas que son serpiente.

Vengo desde mi piel de agua y soy fruta de páramo.

Traigo el misterio y la altivez de la llama
soy Yanacona,
de aquellos que se levantan desde las cenizas: de los que hacen fuego
con la última brasa.

Soy pueblo;
soy de maíz y de barro
soy tierra ancestral
placenta viva
en el fondo de América.

Poema tlamatinime - México

“Si buscas para ti mismo, ¿qué es lo que tu mente halla?

Si te amas a ti mismo, ¿dónde anda tu corazón?

Por eso das tu corazón a cada cosa,

Sin rumbo lo llevas,

Vas destruyendo tu corazón.

Sobre la tierra, ¿acaso puedes ir en pos de ti?”

Todo en este mundo se esfuerza por vivir

Pero nada vive para sí.

Para que la Madre Tierra no muera

Para que la Madre Tierra no muera volvamos a danzar alrededor del Sol y de la Luna
las danzas del cóndor, la serpiente y el venado.

Dejemos que nuestros corazones se desborden en cataclismos, y engendremos el vacío con nuestras palabras.

Dialoguemos en círculos en el día, y en media luna en la noche.

Hablemos en tiempo de ayer, de ahora y de mañana con nuestros Yayas (abuelos), y nuestros Wawas (niños).

Encendamos con nuestro futuro los contornos de todos los caminos.

Avancemos como águilas a través de todas las vicisitudes e imprimamos en ellas la armonía de nuestros sueños.

Vigilemos con los más sofisticados radares la integridad de las venas de la Tierra

Su aliento,
Su espíritu,
Sus manos

Esas manos constructoras del futuro, del sueño y la ternura

Esas manos, constructoras del hermoso murmullo de la vida.

Poeta ARIRUMA KOWII; indígena kichua otavaleño.

Palabras yanacona

Palabra de abuelo:
– “No sigas a ese pájaro gris que lleva al despeñadero; es pájaro de muerte”.

Palabra de abuela:
– “No juegues con fuego que hace orinar en cama, es frío dentro de cuerpo”.

Palabra de Taita:
– “Haz caso al abuelo, hay que pagar pa’ cazar”.

Palabra de mamita:
– “Haz caso a la abuela; hay que pagar para jugar con el fuego”.

Palabra de pájaro gris:
– “Abuelo de mal agüero; es hombre desconfiado”.

Palabra de fuego:
– “Abuela de mal presagio; es mujer maliciosa”.

Palabra de mi corazón:
– “Bienvenido el misterio; alienta este canto”.

Fredy Chicangana; poeta indígena del Pueblo Yanacona de Colombia.

Mujeres de esta tierra

Estas mujeres no son heroicas por haber caído muertas por las balas; sólo se inclinan un día, lentamente, hacia la tierra

Madres adolescentes, ancianas abuelas; mujeres rudas; mujeres suaves,

Piedra humana doliente;

Leve corteza Germinal.

Madres de estibadores, rugosas campesinas, chamuscadas obreras, demacrada legión con el rayo en los hombros y la noche en las trenzas;

Mujeres de embarcados, con ojos desgastados por los puertos distantes.

Chiperas estrujadas como el maíz, lavanderas como agua de arroyo, tejedoras que tejen con el hilo nocturno de su entraña

Burreras matinales
Pastorales mujeres,
Esposas, hijas, novias
Y también hijas sin padres,
Madres sin hijos…

En todas, pero en todas, la patria amanecía con profundas ojeras.

Su vientre, Pan de tierra, su vientre taladrado por el dolor y el hambre;

Su vientre, abeja valerosa, hizo el panal, la vida, la miel amarga y áspera, a la luz de una vela de sebo,
En pobre catre,
Mirando un techo de hojas

Mirando la noche,

el cielo triste del amor

Y la muerte.