domingo, 8 de marzo de 2009

Honremos nuestras raíces indígenas

Marta Balbi: "Raíces indígenas"

Aprendamos la historia de nuestros Pueblos.

Profundicemos en el conocimiento de la herencia espiritual que nos ha sido transmitida.

¡Sigamos a los maestros que nos han precedido!

Sólo permaneciendo fieles a nuestras reverencias podremos ser los testigos de un mundo diferente.

¡No nos contentemos con nada que esté por debajo de las convicciones más férreas!

No nos dejemos desanimar por los que, decepcionados por tantas humillaciones, se han vuelto sordos a los deseos más profundos y más auténticos de su corazón. Tenemos razón en no resignarnos a vivir una cultura ajena; una cultura mezquina que corre detrás de proyectos insignificantes; una cultura mediocre con la que se intentó confrontar a nuestras milenarias organizaciones continentales.

Con su cruz de sacrificio procuraron deshonrar a nuestra Cruz Cósmica, símbolo de disciplina y de conocimiento, los dos pilares de nuestro Orden.


No nos preocupemos por ellos, ya no consiguen distinguir la realidad que los rodea; están sumidos en la duda y en la debilidad.

Pero nosotros, los Hijos del Sol, estamos esperado con impaciencia la llegada de la luz de la aurora. Hermanos, ¡a nosotros nos corresponde ser los centinelas de la madrugada, que anuncien la llegada del Tata Inti, Sol regenerador y purificador!

"El Sol es la luz del mundo; el que lo obedezca no vivirá en la pobreza ni conocerá el hambre". Quiénes se comprometen a ser testigos y seguidores del Sol conocen la verdad.

En el contexto actual muchos de nuestros hermanos se occidentalizaron y piensan y viven como si la verdad no existiera, o son atraídos por formas de religiosidad imaginarias. Es necesario que precisamente nosotros, queridos hermanos y hermanas, reafirmemos la decisión personal de recuperar y reafirmar la identidad indígena, que compromete toda la existencia.

¡Que el calendario solar sea el gran criterio que guíe los trabajos y el rumbo de nuestras vidas! De este modo estaremos luchando con las obras y las palabras por la reinstauración de nuestro Orden.
Es por medio del trabajo cotidiano, la atención del ayllu, la práctica de la minka, como superaremos esta postración y le daremos pleno sentido a la vida, convirtiéndola en un reflejo de la plenitud de la naturaleza. ¡Cuántas culturas se sucedieron durante miles de años en éste, nuestro continente, resolviendo con auténtica equidad los problemas de la gente, convirtiéndose así en modelos de organización propuestos para la Humanidad, para que todos los imiten.

"Se está iniciando una nueva era de Pachacutij, pero no todos ven esta luz. Nosotros tenemos el maravilloso y exigente cometido de ser su "reflejo".
Sí, es la hora de la misión. En nuestros pueblos, en nuestros movimientos, asociaciones y comunidades, Tawa Inti Abya Yala Pacha Mapu nos llama en defensa de la tierra, del aire, del agua, de los bosques, de su gente que es maestra en estos quehaceres, de las plantas, animales, idiomas y sonidos autóctonos. Profundicemos en el estudio y la investigación de lo que es propio de aquí, de lo auténtico, y que con lo auténtico se iluminen nuestras mentes y nuestros corazones.

Tomemos fuerza de los millones de mártires, y de los Apus. Día tras día la tierra, el aire y el agua nos otorgarán nuevo impulso, y nos permitirán confortar a los confundidos y llevar sensatez al mundo.

Muchas son las personas heridas por la cultura fagocitaria, excluidos de lo que denominan “desarrollo económico”, sin un techo, un grupo de socios-amigos o una posibilidad de organizar la célula familiar de trabajo. Muchos se pierden tras falsas ilusiones o han abandonado toda esperanza. Contemplemos la luz del amanecer que resplandece en el cielo y sobre la tierra y aprendamos a vivir como "Hijos del Sol”, demostrando a todos que "no habrá bondad, justicia ni verdad lejos del trabajo que da frutos".

Y no permanezcamos aislados; reunámonos, alentémonos, convoquémonos y respondamos a esas convocatorias de hermandad y unidad, para así, tomados de la mano, recuperar energías y valor.

Marta Balbi